La maquinaria electoral estadounidense está a prueba. Y ello, por numerosos factores que han hecho de este proceso electoral, unas elecciones presidenciales atípicas. El contexto de la crisis sanitaria, el presidente que alerta sobre el posible fraude electoral, una votación masiva y sin precedentes que pareciera, un plebiscito a favor o en contra de Donald Trump. Por lo tanto, estas elecciones han puesto sobre la mesa nuevamente, la complejidad del sistema electoral y las necesarias reformas que justifican la transformación al sistema de elección presidencial, que ameritan entenderlo desde el federalismo y el bipartidismo. Un novedoso sistema electoral que, a pesar de haber evolucionado, desde la concepción de los Padres Fundadores ha mantenido vigente el sistema de los colegios electorales.

Cuando se redactó la Constitución de Estados Unidos en 1787, era prácticamente imposible realizar una votación popular a nivel nacional para elegir un presidente. Esto se debió al tamaño del país, la dificultad de comunicación y el poco entusiasmo que había en la capital para elegir el presidente. Lo cual, llevó a los Padres Fundadores a concebir un colegio electoral en cada Estado, favoreciendo ciudadanos aptos a tomar decisiones de trascendencia nacional, y depurando la influencia de los pequeños Estados o los Estados del sur que por el tamaño de la población tenían más influencia en la elección del presidente. Esto se debía a que el sur del país contaba con una densa población de esclavos que conformaban el censo de los Estados Unidos, sin tener derecho al voto. Este complejo sistema electoral es el reflejo del apego al federalismo que los 55 delegados procedentes de las asambleas de varios estados quisieron manifestar en la Constitución de 1787. Un sistema de sufragio indirecto a dos niveles, inicialmente destinado a limitar el poder presidencial al mismo tiempo que a incentivar el voto popular. Esto aunado al bipartidismo que se consolidó en el siglo XIX, cuando los federalistas, partidarios de un poder federal fuerte, en detrimento de los Estados, chocan con los republicanos-demócratas, inicialmente liderados por Thomas Jefferson. Ocuparon el poder continuamente en el primer cuarto del siglo XIX, hasta que los federalistas desaparecieron. Fue entonces cuando el grupo de Republicanos-Demócratas se partió en dos, para permitir el surgimiento de los dos partidos que conocemos actualmente.

En ese sentido, el federalismo y el bipartidismo justifican el método electoral, que conduce a la Casa Blanca. Los partidos políticos en Estados Unidos no cuentan con fundamento ideológico notable y lo que los une es expresar los deseos de la sociedad que se materializa en “un acuerdo sobre lo fundamental” (agreement on fundamentals).  Tienen un carácter más pragmático y menos ideológico y su función cobra relevancia en los diferentes procesos electorales. Las convenciones nacionales que se realizan en el verano del año de elecciones son el momento donde los partidos designan su candidato a la presidencia y vicepresidencia. La convención marca el inicio de la carrera presidencial cuando los recién nombrados candidatos presidenciales hacen campaña y se embarcan en una maratón de reuniones, mítines, debates televisados, hasta el primer martes de noviembre, día de las elecciones, una fecha determinada por el Congreso en virtud del artículo 2 de la Constitución y hasta ahora nunca impugnada, incluso en tiempos de guerra. 

Un sistema electoral espinoso, que dos semanas después de las elecciones de 2020, se vislumbra tortuoso a la luz de las reiteradas acusaciones de fraude, encabezadas por el candidato republicano Trump, su partido y sus electores, quienes aseveran agotarán todas las instancias judiciales para develar el enigma del fraude que ha asediado este proceso electoral. 

El proceso electoral norteamericano, es un proceso en dos partes, primero los partidos en cada estado presentan las listas eligen a los electores potenciales y luego, los votantes de cada Estado eligen a sus electores por voto popular. La primera parte del proceso está controlada por los partidos políticos de cada Estado y varía de un Estado a otro. Los partidos políticos a menudo eligen personas para que la lista reconozca su servicio y dedicación a ese partido político. Pueden ser funcionarios electos del Estado, líderes de partidos de un Estado o personas del Estado que tengan una afiliación personal o política con el candidato presidencial de su partido. La segunda parte del proceso ocurre durante las elecciones generales. Cuando los votantes de cada estado votan por el candidato presidencial de su elección, están votando para seleccionar a los electores de su Estado. Los nombres de los posibles electores pueden aparecer o no en la boleta debajo del nombre de los candidatos presidenciales, según los procedimientos electorales y los formatos de boleta en cada Estado. La mayoría simple es suficiente para ganar, ya que es la lista que más votos tenga, la ganadora. Cuando un partido gana en un estado, todos sus electores son elegidos, independientemente del número de votos que haya obtenido el candidato. Es la regla de que “el ganador se lo lleva todo” (winner takes all). Así, ciertos presidentes de Estados Unidos fueron elegidos sin haber obtenido el mayor número de votos en el «voto popular», como es el caso de Donald Trump en 2016. O como Al Gore quien perdió en el 2000 habiendo obtenido mayoría de votos populares. La decisión Bush v Gore en el 2000 es el antecedente más reciente que concluyó un diferendo entre dos candidatos a la presidencia. El candidato proclamado vencedor tenía menos votos populares y fue proclamado vencedor por la Corte Suprema de Justicia, al ganar el Estado de la Florida, en litigio, con 25 electores. Está decisión fue muy cuestionada en la medida en la Corte anuló la decisión de la Corte Suprema de Florida, que se pronunció sobre el reconteo de votos en algunos condados. La Corte Suprema en decisión de 5 contra 4, dijo que el reconteo de votos manual era inconstitucional por violar la enmienda 14, sobre protección igualitaria, ya que no había criterios uniformes en el mismo. 

¿La confianza en las instituciones a prueba? será la Corte Suprema, garante de la Constitución, quien hará prevalecer el poder federal frente al estatal, el federalismo frente a la democracia.

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Doctora en Derecho por la Universidad de Montpellier III. Profesor de Carrera en la Universidad del Rosario, y miembro del Grupo de Investigación en Derecho Privado de la Facultad de Jurisprudencia de la misma Universidad. Directora de la Especialización en Derecho Constitucional

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