Luis Roberto Barroso, Ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil. Profesor Titular de la Universidad del Estado de Río de Janeiro – UERJ. Master en Derecho, Yale Law School (1989). Doctor en Derecho, UERJ (1990). Visiting Scholar, Harvard Law School (2011). Senior Fellow, Harvard Kennedy School.


1. Como académico y como juez, usted ha podido experimentar la relación entre la academia y la práctica judicial, ¿cómo evalúa esa relación en América Latina? ¿qué se debe evitar y qué se debe mejorar? 

Creo que un Tribunal Supremo o Tribunal Constitucional debe observar un equilibrio entre los jueces que vienen del ámbito académico y los que vienen de carreras del Derecho, como la magistratura, la fiscalía y la abogacía. La jurisdicción constitucional debe tener diferentes miradas sobre el Derecho. La academia debe proporcionar bases teóricas, narrativas históricas y visiones del derecho comparado. Por otro lado, los jueces originários de las profesiones jurídicas aportan la experiencia práctica de quienes viven la realidad de los tribunales. Lo que se debe evitar son dos extremos: una visión puramente abstracta del Derecho, indiferente a lo que realmente está sucediendo en el mundo real; y, en el otro extremo, la subordinación del Derecho a realidades injustas, que necesitan ser transformadas. Es un equilibrio a veces complejo. Mi actuación personal como juez se sustenta en dos ejes: (i) eje constitucional democrático, donde tomo en cuenta las deliberaciones de la mayoría y la protección de los derechos fundamentales; y (ii) eje empírico-pragmático, que concede importancia a la experiencia práctica y la realidad fáctica, incluidas las consecuencias de las decisiones. Por supuesto, siempre dentro de las posibilidades semánticas de las normas. Además, no se trata de un consecuencialismo utilitarista, sino centrado en la realización de valores constitucionales.

2. Usted suele afirmar que “es” profesor, pero “está” de Ministro. ¿Cuéntenos un poco sobre ese doble rol?

Me gusta decirlo, por dos razones. La primera es que la condición de profesor yo la he conquistado. Tengo una maestría, doctorado, posdoctorado, escribo y publico regularmente, doy clases, participo en tribunales examinadores en las universidades y viajo por el mundo en ponencias y conferencias. El título de Ministro, en cambio, me fue otorgado por decisión del Poder Ejecutivo, con la aprobación del Senado. Estoy feliz y agradecido de que la vida me haya dado la oportunidad de servir a mi país, como juez constitucional, sin otro interés que hacer lo que es correcto, justo y legítimo. Pero no me impresiona el título o el poder. Vivo por el bien y por los valores que cultivo desde la academia. Ante un caso difícil, en el que es necesario construir la solución argumentativamente, siempre pienso: necesito poder justificar esto a mis alumnos, a la luz de los valores que trato de transmitirles. Moverse por principios y no por conveniencia es una liberación para el espíritu humano.

3.¿Qué tiene que decir el constitucionalismo latinoamericano al constitucionalismo global? 

Puede que no sea posible hablar de un constitucionalismo latinoamericano como algo homogéneo. Hay matices entre países, comenzando por la colonización portuguesa de Brasil y la colonización española de los demás. Pero es un constitucionalismo que, para bien o para mal, se desarrolla sobre realidades que conservan algunos rasgos comunes. En el lado negativo están el hiperpresidencialismo, que a menudo se desliza hacia el autoritarismo; el patrimonialismo, que consiste en la apropiación privada del espacio público, y a veces pura y simple corrupción; y la desigualdad social, que significa vidas vividas por debajo de la dignidad humana y altos índices de violencia. En el lado positivo, identifico algunos avances civilizadores importantes. Entre ellos, mencionaría: el despertar de una conciencia social, que comenzó a dar mayor importancia a la inclusión social y la superación de la pobreza extrema, con la promoción de los derechos sociales y redes de protección para los más pobres; la conquista de las libertades públicas en las últimas décadas; y, sobre todo, la absorción institucional de las crisis políticas, sin golpes (salvo excepciones desafortunadas) e infracciones a la legalidad que siempre han estigmatizado al continente.

4. ¿En qué decisión del STF en la que usted fue vencido o derrotado le gustaría ver que el STF cambia algún día de criterio y le da la razón?

Brasil ha experimentado recientemente una tormenta política, económica y social, marcada por el “impeachment” de la presidenta Dilma Rousseff, una recesión prolongada y las tasas de desempleo más altas de la historia. Este escenario colocó a Brasil en la ola mundial del populismo y abrió espacio para grupos radicales, extremos y agresivos. En el centro de gravedad de estas desviaciones estaba el problema de la corrupción estructural, sistémica e institucionalizada. No fue un fenómeno de una persona, un gobierno o un partido, sino una acumulación histórica marcada por la naturalización de las cosas equivocadas. En Brasil, el Supremo Tribunal Federal tiene una larga jurisdicción en materia penal, tanto en los casos originales como en los que llegan a través del habeas corpus. Me pareció que era el momento de un giro histórico contra la corrupción y contra la apropiación privada del Estado, asumiendo una posición firme condenando estas prácticas y a quienes las cometieron. Sin embargo, esta no era la posición de la mayoría de la corte. En mi opinión, hemos perdido la oportunidad de cambiar verdaderamente a Brasil, elevando el estándar ético en la vida pública.

5. ¿Considera que efectivamente los tribunales de América Latina ejercen su función representantiva e iliuminista?

Las circunstancias de los tribunales latinoamericanos tampoco son homogéneas. Hay cortes de mayor protagonismo, como las de Colombia y Brasil, y de mayor discreción, como las de Chile y Argentina. En mi artículo “Countermajoritarian, Representative and Enlightened: The roles of Constitutional Courts in Democracies (AJCL 67:109, 2019), he llamado de representativas las decisiones en las que el tribunal, con base en la Constitución, atiende a las demandas de la sociedad que no han sido satisfechas por el proceso político mayoritario. Dos ejemplos, en el caso brasileño, fueron la prohibición del nepotismo (es decir, el nombramiento de familiares para cargos públicos de libre indicación) y el decreto de inconstitucionalidad del modelo mafioso de financiamiento electoral por parte de empresas que estaba vigente en Brasil. Y he llamado iluministas a los raros casos en los que la corte, sin el apoyo de la mayoría de la legislatura o de la sociedad, promueve importantes avances civilizadores, especialmente a favor de las minorías. Un ejemplo histórico fue Brown v. Board of Education (1954) en los Estados Unidos. En Brasil, el reconocimiento de las uniones civiles entre personas del mismo sexo y la decisión que permitió la interrupción del embarazo en el caso de fetos inviables.

En mi opinión, los tribunales constitucionales deben ser proactivos en la defensa de los derechos fundamentales y la democracia, pero autocontenidos en relación con casi todo lo demás, en particular las cuestiones políticas, económicas y administrativas.

1. Como académico y como juez, usted ha podido experimentar la relación entre la academia y la práctica judicial, ¿cómo evalúa esa relación en América Latina? ¿qué se debe evitar y qué se debe mejorar? 

Acho que uma Suprema Corte ou Tribunal Constitucional deve ter um equilíbrio entre juízes que vêm da academia e os que vêm das carreiras jurídicas, como magistratura, ministério público e advocacia. A jurisdição constitucional deve comportar diferentes olhares sobre o Direito. A academia deve fornecer embasamento teórico, narrativas históricas e visões de direito comparado. Já os juízes originários das profissões jurídicas trazem a experiência prática de quem vive a realidade dos tribunais. O que se deve evitar são dois extremos: uma visão do Direito puramente abstrata, indiferente ao que efetivamente se passa no mundo real; e, de outro lado, a subordinação do Direito a realidades injustas, que precisam ser transformadas. É um equilíbrio, por vezes, complexo. A minha atuação pessoal como juiz se dá em função de dois eixos: (i) eixo constitucional democrático, onde levo em conta as deliberações da maioria e a proteção dos direitos fundamentais; e (ii) eixo empírico-pragmático, que dá a importância devida à experiência prática e à realidade fática, inclusive às consequências das decisões. Claro, sempre dentro das possibilidades semânticas das normas. Ademais, não se trata de um consequencialismo utilitarista, mas voltado à realização dos valores constitucionais.

2.Usted suele afirmar que “es” profesor, pero “está” de Ministro. ¿Cuéntenos un poco sobre ese doble rol?

Gosto de dizer isso por duas razões. A primeira é que a condição de professor eu conquistei. Fiz mestrado, doutorado, pós-doutorado, escrevo e publico regularmente, dou aula, participo de bancas nas universidades e viajo pelo mundo em palestras e conferências. Já o título de Ministro me foi conferido por uma decisão do Poder Executivo, com aprovação do Senado. Sou feliz e agradecido pelo fato de a vida ter me proporcionado a oportunidade de servir ao meu país, como juiz constitucional, sem nenhum outro interesse que não seja fazer o certo, justo e legítimo. Mas não me impressiono com título ou poder. Eu vivo para o bem e para os valores que cultivo desde a academia. Diante de um caso difícil, em que seja necessário construir argumentativamente a solução, eu sempre penso: preciso ser capaz de justifica isso perante meus alunos, à luz dos valores que procuro transmitir a eles. Mover-se por princípios e não por conveniências é uma libertação para o espírito humano.

3.¿Qué tiene que decir el constitucionalismo latinoamericano al constitucionalismo global? 

Talvez não seja possível falar de um constitucionalismo latino-americano como algo homogêneo. Há nuances entre os países, a começar pela colonização portuguesa do Brasil e espanhola dos demais. Mas é um constitucionalismo que, para bem e para mal, se desenvolve sobre realidades que conservam alguns traços comuns. No lado negativo estão o hiperpresidencialismo, que frequentemente resvala para o autoritarismo; o patrimonialismo, que consiste na apropriação privada do espaço público, quando não na corrupção pura e simples; e na desigualdade social, que significa vidas vividas abaixo da dignidade humana e altas taxas de violência. No lado positivo, identifico alguns avanços civilizatórios importantes. Entre eles, citaria: o despertar de uma consciência social, que passou a dar maior importância à inclusão social e superação da miséria, com promoção de direitos sociais e redes de proteção aos muitos pobres; a conquista de liberdades públicas, nas últimas décadas; e, sobretudo, a absorção institucional das crises políticas, sem golpes (salvo desafortunadas exceções) e quebras da legalidade que sempre estigmatizaram o continente.

4.¿En qué decisión del STF en la que usted fue vencido o derrotado le gustaría ver que el STF cambia algún día de criterio y le da la razón?

O Brasil viveu, nos últimos tempos, uma tempestade política, econômica e social, marcada pelo impeachment da Presidente Dilma Rousseff, por prolongada recessão e pelas maiores taxas de desemprego da história. Esse quadro inseriu o Brasil na onda mundial do populismo e abriu espaço para grupos conservadores radicais, extremados e agressivos. No centro de gravidade desses descaminhos esteve o problema da corrupção estrutural, sistêmica e institucionalizada. Não foi fenômeno de uma pessoa, um governo ou um partido, mas uma acumulação histórica marcada pela naturalização das coisas erradas. No Brasil, o Supremo Tribunal Federal tem uma importante competência em matéria criminal, tanto originária como de casos que chegam pela via do habeas corpus. A mim me pareceu que era o momento de uma virada histórica contra a corrupção e contra a apropriação privada do Estado, adotando uma posição firme de condenação a essas práticas e aos que as cometiam. Não foi essa, todavia, a posição da maioria do tribunal. Na minha visão, desperdiçamos a oportunidade de verdadeiramente mudar o Brasil, elevando o patamar ético na vida pública.

5. ¿Considera que efectivamente los tribunales de América Latina ejercen su función representantiva e iliuminista?

As circunstâncias dos tribunais da América Latina tampouco são homogêneas. Há cortes de maior protagonismo, como as da Colômbia e do Brasil, e de maior discrição, como as do Chile e da Argentina. No meu artigo “Countermajoritarian, Representative and Enlightened: The roles of Constitutional Courts in Democracies (AJCL 67:109, 2019), denominei representativas as decisões em que o tribunal, com base na Constituição, atende demandas da sociedade que não foram satisfeitas pelo processo político majoritário brasileiro. Dois exemplos, no caso brasileiro, foram a proibição do nepotismo (i.e., da nomeação de parentes para cargos públicos de livre indicação) e a decretação de inconstitucionalidade do modelo mafioso de financiamento eleitoral por empresas que vigorava no Brasil. E chamei de iluministas os casos raros em que o tribunal, sem apoio na maioria do Legislativo ou da sociedade, promove avanços civilizatórios importantes, notadamente em favor de minorias. Exemplo histórico foi Brown v. Board of Education (1954) nos Estados Unidos. No Brasil, o reconhecimento das uniões civis entre pessoas do mesmo sexo e a decisão que permitiu a interrupção da gestação em caso de fetos inviáveis.

  Na minha visão, tribunais constitucionais devem ser proativos na defesa dos direitos fundamentais e da democracia, e autocontidos em relação a quase tudo o mais, notadamente questões políticas, econômicas e administrativas.

IberICONnect (3 de marzo de 2021) Entrevista a Luis Roberto Barroso. Retrieved from https://www.ibericonnect.blog/2021/02/entrevista-a-luis-roberto-barroso/.
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Estudiante de Doctorado de la Universidad Carlos III de Madrid, Magíster en Derecho Constitucional por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Abogada de la Universidad La Gran Colombia de Armenia y Especialista en Derecho Constitucional y en Derechos Humanos y Mujeres por la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Chile, respectivamente. Ex-funcionaria de la Corte Constitucional de Colombia.

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Doctor en Derecho (summa cum laude) por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Abogado graduado con honores de la Universidad Externado de Colombia. Magister en Gobernanza y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Madrid y Magister en Ciencias Jurídicas Avanzadas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Profesor del departamento de Derecho Constitucional de la Universidad Externado de Colombia y asistente de docencia de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. En 2012 obtuvo el premio conmemorativo del bicentenario de la Constitución de Cádiz a la investigación en derecho constitucional, conferido por el Ministerio de Educación de España y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 2018 obtuvo la mención del Premio Nicolás Pérez Serrano a la mejor tesis doctoral en derecho constitucional conferido por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de España. Ha sido investigador visitante de la Universidad de Trento (Italia) y del Max Planck Institute for International Law and Comparative Public Law de Heidelberg (Alemania). Es profesor invitado de distintas Universidades en Brasil, Bolivia, Chile, Guatemala, Ecuador, España, Italia y México. También se desempeña como magistrado auxiliar de la Corte Constitucional de Colombia.

4 thoughts on “Entrevista a Luis Roberto Barroso

  1. Lamentablemente el comportamiento de los ministros del alto tribunal no merece ser entrevistado: ¿Crees que Venezuela es conservadora? Ciertamente pienso, desde la época de Chávez. Para mí, eso siempre fue una tiranía de derecha, con un discurso disfrazado ”. (Luís Roberto Barroso) . Una persona que piensa así es un completo ignorante, por no hablar de la corrupción dentro de la justicia brasileña. #vergonzoso #STFVergonhaNacional

  2. Esta persona és un dos majores corruptos e comunistas na suprema corte brasilena, verguenza. Le gusta soltar criminosos e prender sus desafetos! Admirador de ditaduras! Brasil sente asco!

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