La guerra de agresión perpetrada por Rusia contra Ucrania representa una violación al derecho internacional de tal magnitud, que muchas y muchos internacionalistas hoy se preguntan, si acaso el orden jurídico internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial, y que gira en torno a la Carta de las Naciones Unidas (la Carta), ha llegado a su fin. Sin lugar a dudas, Rusia ha violado una serie de principios y normas fundamentales del derecho internacional, empezando con la prohibición de la amenaza y del uso de la fuerza en las relaciones internacionales (Art. 2(4) de la Carta). Más allá, la invasión militar a gran escala en Ucrania quebranta la integridad territorial de un Estado soberano y, al haber sido completamente premeditada y al no haber sido provocada de forma alguna por parte de Ucrania (como lo dijo el Presidente Biden), constituye una agresión en términos de la Carta y de su práctica ulterior, tal como ha sido definida y ahora reiterada por la Asamblea General, que en su histórica sesión de emergencia convocada por el Consejo de Seguridad, condenó con 141 votos a favor la agresión rusa contra Ucrania. Se trata de normas cuya violación afectan a la comunidad internacional en su conjunto, por lo que ello justifica legalmente el empleo de sanciones unilaterales por parte de terceros Estados. Por lo que se puede observar de los informes y las imágenes de prensa, el ejército ruso posiblemente ha cometido ataques contra civiles y utilizado armas prohibidas, lo cual ha motivado a 39 Estados a referir el caso a la Corte Penal Internacional, cuyo fiscal ya inició una investigación por posibles crímenes de guerra. Alegando cuestiones similares, Ucrania ya solicitó a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) adoptar medidas cautelares para prevenir un genocidio, en virtud de la Convención de 1948, y la Presidenta de la CIJ solicitó a Rusia actuar de tal manera que cualquier orden de la Corte sobre estas medidas pueda surtir efectos en su momento. 

Ahora, ¿justifica todo lo anterior el cuestionamiento sobre el fin del orden jurídico internacional? No es la primera vez en la historia reciente que un Estado con armas nucleares ataca a otro sin justificación. En 2003, Estados Unidos invadió Iraq bajo una alegación nunca probada de una supuesta existencia de armas de destrucción en masa por parte del régimen de Saddam Hussein. Un año antes, había lanzado una de las doctrinas de seguridad nacional más perniciosas para el sistema de seguridad colectiva de la ONU: la doctrina de la legítima defensa preventiva. También conocida como “doctrina Bush”, esta tesis inspirada en la gestión de riesgos, pretendía justificar ataques armados contra amenazas futuras – como ahora lo está haciendo Rusia en el marco de un intento de justificación del derecho del uso de la fuerza francamente delirante, que mezcla dicha doctrina con alegaciones completamente infundadas de genocidio y hasta grotescas acusaciones de “nazificación”, y un ridículo recurso a la legítima defensa colectiva de territorios no reconocidos internacionalmente como Estados independientes. 

Si bien es cierto que en 2003 la indignación de buena parte de la comunidad internacional fue enorme, y la gente también salió a las calles de varias ciudades del mundo exigiendo el respeto a la Carta, el miedo acerca del fin del orden internacional no era, ni de lejos, tan pronunciado como ahora. Me parece importante preguntarnos por qué, y aunque ello requiere un esfuerzo de reflexión que apenas puede empezar, aquí van algunos apuntes preliminares. 

El fin del orden internacional quizá no preocupaba tanto en 2003 como ahora, porque quien lo amenazaba en ese momento no era considerado un enemigo del mismo, sino más bien su arquitecto y defensor principal, quien se estaba desviando, pero que tendría que regresar eventualmente a su curso histórico normal. En 2022, quien amenaza dicho orden, lo ha venido desafiando por lo menos desde 2014, con la anexión de Crimea. Pero hay un factor adicional, que tiene que ver más con el Estado de derecho a nivel nacional (o su promoción transnacional) y menos con el Estado de derecho internacional: el rechazo al liberalismo democrático como modelo político mundial, y que apenas hace unas semanas Rusia lo cuestionó explícitamente, junto con China. En efecto, el orden internacional que muchos temen perder es, en buena medida, el orden internacional liberal que se afianzó después de la caída de la Unión Soviética; es el orden post-Guerra Fría, en el cual la Federación Rusa siempre ha sido un elemento extraño, y que, con su relativa recuperación de poder y acercamiento ideológico con China, ya no está dispuesto a aceptar. 

Sin embargo, ese orden ya se venía resquebrajando desde hace tiempo; no es cierto que estamos entrando a un nuevo desorden mundial; ya estamos allí desde hace décadas. El “nuevo orden mundial” de George H.W. Bush muy pronto empezó a mezclarse con nuevos esquemas de gobernanza global, relativizando el derecho internacional centrado en los Estados, multiplicando el poder de actores privados transnacionales y dejándonos con la incertidumbre de un nuevo “post”: la “post-post Guerra Fría”. Tras el 11 de septiembre de 2001, el gobierno de George Bush Jr. puso en jaque al multilateralismo, y solo tras un período de respiro, el orden liberal internacional fue sacudido grotescamente desde adentro con la presidencia de Trump. China, por su parte, desafía cada vez más fuerte lo que queda de dicho sistema, pujando por una versión muy peculiar de una “comunidad con un destino común”, unida por la fuerza del dinero y la materialidad de la infraestructura comercial (física y digital). Y la pandemia del Covid-19, lejos de dotar de contenido concreto al principio de solidaridad internacional, profundizó divisiones entre Sur y Norte globales; grietas que son aún más profundas, aunque menos visibles, si consideramos el acceso tan diferenciado a la inteligencia artificial y al procesamiento de grandes datos. 

Entonces, las ansiedades por perder ese orden internacional parecerían injustificadas (no así la ansiedad humana ante un agresor desatado en posesión de armas nucleares). Pero las ansiedades siempre se justifican desde la perspectiva propia. La verdad es que hay una pugna, desde hace décadas, por diferentes versiones del orden jurídico internacional, y muchas de estas han coexistido en la práctica, aunque no siempre en armonía: un pluralismo realmente existente (adaptando un concepto de Neil Brenner y Nick Theodore). Si se logra contener a Putin, de alguna manera, no se va a poder restaurar un nuevo-viejo orden liberal. La unidad de Occidente, que ciertamente ha fomentado su agresión, no será suficiente; no ante sus armas nucleares, ni ante el poder material chino, ni ante las masas desplazadas del tercer mundo, con sus propias pugnas sangrientas entre diferentes ideas de orden y seguridad. Por eso es que se equivoca la Unión Europea al declarar en la sesión histórica de la Asamblea General que “el mundo habló”. El mundo está compuesto por más de 141 Estados, aunque sea una importante mayoría. La tragedia que está viviendo Ucrania por todo Occidente, es parte de un proceso más amplio que ya lleva mucho tiempo; por eso creo que lo más sensato es apostarle a la restauración de ese pluralismo, y esperar que con el paso del tiempo y con mucho aprendizaje mutuo, se empiece a ordenar. Hasta ahora, se ha logrado sostener en aquellos fundamentos mínimos de la Carta, que Putin, en su más grave error, está transgrediendo brutalmente. Rusia traicionó su narrativa que lo conectaba con el mundo (el propio orden mínimo que imperó durante la Guerra Fría), y eso es lo que está uniendo a 141 países y lo que no permite el respaldo a Rusia de otros 35, incluyendo a China (no es el orden liberal). Se trata de fundamentos jurídicos internacionales mínimos y frágiles, pero probablemente sean el único sustento disponible para evitar que el pluralismo realmente existente degenere en un terrible conflicto global – a fin de cuentas, para eso fueron creados. 


Cita recomendada: Alejandro Rodiles, «La agresión rusa y las ansiedades por un orden internacional», IberICONnect, 7 de marzo de 2022. Disponible en: https://www.ibericonnect.blog/2022/03/la-agresion-rusa-y-las-ansiedades-por-un-orden-internacional/ 

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